Cultura Ciudadana
Cultura Ciudadana
Cuando hablamos de cultura ciudadana, nos referimos a las formas, modos, prácticas, hábitos y costumbres de usar adecuadamente la ciudad y todos sus espacios públicos, para que toda la población que la habita, desde los más ricos hasta los más pobres, tengan derecho a vivir a plenitud en ella, esto es: gozarla como espacio público de encuentro.
El espacio público lo entendemos no sólo como el espacio físico, sino como el espacio sociocultural de la democracia y el ejercicio político. Así, pues, una cultura ciudadana sería la forma en la que los ciudadanos viven y disfrutan la ciudad, gozan de los bienes públicos, usan el espacio público y conviven sin agredirse unos a otros.
Reflexiona
¿Cómo podrías caracterizar la cultura ciudadana de una ciudad como Popayán?, y más aun cómo podrías caracterizar la cultura ciudadana al interior de la terminal de transportes de Popayán?
La cultura ciudadana no es natural, no brota de la tierra y no es innata a los humanos, la cultura ciudadana se construye. Ese proceso social no depende solamente de los individuos –esos buenos y malos ciudadanos- que habitan la ciudad, sino también, y sobretodo, de los dirigentes que orientan el destino de la misma. La cultura ciudadana no se mide por asuntos que pueden resultar meramente cosméticos como hacer la fila, no arrojar la basura, no pisar la cebra y ceder el paso, aspectos importantes, sin duda, pero que resultan menores frente a otros estructurales y que dan cuenta del derecho a vivir y gozarse la ciudad y sus espacios y entidades.
la cultura ciudadana se da desde dos ópticas:
- Cuando se mejora la infraestructura física y habitacional, cuando las redes de servicios llegan a precios justos para todos los usuarios que las necesitan, cuando hay políticas sociales de inclusión, como por ejemplo, subsidios al transporte público, servicios gratuitos, mejoras en los servicios básicos, entre otros aspectos, aspectos que los ciudadanos necesitan y demandan de distintas formas
- Cuando cuidamos del medio ambiente, su paisaje natural y cultural con cada una de los elementos que los acompañan como por ejemplo, bancas, sillas, paredes, pisos, baños, juegos, prados, entre otros.
Hemos escuchado nuestros colaboradores añorando mejores espacios pero resignadas de no tenerlos. En la gran mayoría de los casos esta resignación se justifica en la ineficacia de los servidores públicos o dirigentes quienes argumentan que no se puede invertir en infraestructura física, en parques, en zonas verdes y en embellecimiento de espacios y en general de la ciudad, porque la gente no cuida, la gente daña, la gente es inculta. Pero resulta que en los países desarrollados está comprobado que lo bonito, agradable, amable e incluyente la gente sí lo cuida.
Reflexionemos
¿Por qué algunos “desadaptados” ¿tiran los papeles al piso, rayan las paredes, no dejan limpios los baños?
En general porque hay insatisfacción ciudadana y no es suficiente sancionar al desadaptado, sino comprender qué es lo que expresan tales sujetos con su accionar.
Con un panorama de desigualdad social y un paisaje frío y descuidado es difícil pedir a la ciudadanía tolerancia y respeto por sí mismo, el otro y los espacios que comparten.
Renovemos el espíritu y abramos nuestra mente, brindemos a todo ciudadano y usuario sin distinción espacios agradables, limpios y suficientes como también una actitud positiva cargada de ganas de buen servicio, rodeemos cada espacio con mensajes amables, invitaciones cortas que inviten a tomar acción y corregir conductas destructivas, propongamos y hagamos parte de la solución.

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